EL BIEN Y EL MAL:

 extremos patológicos de una misma Conciencia Universal

 

El maniqueísmo, herejía gnóstica que quiso amalgamar cristianismo, budismo y zoroastrismo a mediados del siglo III d.c., postuló la existencia de dos principios opuestos y absolutos constantemente enfrentados en este mundo intermedio que es la Tierra. Para ellos existía un Dios del Bien y un Dios del Mal, Luz y Oscuridad peleando en un mundo de sombras. El propio catolicismo esta en gran medida inmerso en ese maniqueísmo infantil con su panteón de santos, ángeles y demonios, con el Gran Lucifer y su legión de diablillos y el Trono de Dios en Majestad y su ángeles, arcángeles y querubines en eterna adoración entorno al Santo, Bendito sea. En este panorama mítico judeocristiano, los humanos de a pie, solo podemos esperar el premio o el castigo, la condena o la salvación, dependiendo de las influencias que sigamos y de los actos que en consecuencia realicemos.

 

Esta paranoia maniquea aun cobra mas entidad si confundimos sus dos demiurgos, en perpetua oposición, con los, hoy tan populares, principios activo y pasivo, positivo y negativo, masculino y femenino, en fin, el yin y el yang de la sabiduria taoista. Este conocimiento oriental hunde sus raíces en una verdadera Tradición que conecta con la Sabiduría Unánime y Universal de la que beben todas las auténticas tradiciones espirituales del planeta.

 

La Tradición Unánime reconoce un Absoluto o unidad primordial del que se originan dos principios opuestos y complementarios de cuya interrelación surge toda la Creación. La Vida se origina en ese proceso continuo de transformación del yin en yang y viceversa, o lo que os lo mismo en procesos de constante contracción y expansión que representan el equilibrio del Universo que conocemos . Estos procesos se muestran constantemente ante nuestros ojos : el día y la noche, exhalación e inhalación, sístole y diástole, simpático y parasimpático, nacimiento y muerte, etc. Mientras este proceso de mutación permanente de ambos principios se produzca, vamos a encontrar equilibrio y salud , sólo si el proceso se detiene en uno de los extremos aparece la enfermedad, el desequilibrio, el mal.

 

La alquimia occidental nos habla del matrimonio filosófico del principio masculino y del principio femenino (azufre y sal) y del aqua ígnea o mercurio filosofal, un nuevo principio, fruto del matrimonio de los opuestos, que reuniendo ambas naturalezas, las concilia. El agua y el fuego ya no se oponen sino que reunidas producen una fuerza neutral superior, mas afín al Origen, al Absoluto. Es la tercera fuerza: conciliadora y neutral que conecta directamente con la Fuente.

 

Tal y como conocemos, en la manifestación, los principios opuestos, yin y yang, sus cualidades son ambiguas. Tanto la luz como la oscuridad moderadamente pueden ser buenas pero en exceso causan las muerte: el fuego calienta pero quema, el agua refresca pero también pudre y hiela. Sin embargo existe un nivel superior en el que la unión de estos dos principios produce verdadera Luz, una luz que ilumina sin cegar ni destruir. El yin es la madre del yang al igual que el carbón genera el fuego, y a su vez el yang, el calor, impulsa y mantiene la vida. No hay una oposición absoluta, se trata de un proceso creativo en el que ambos principios colaboran y participan el uno del otro.

 

Normalmente se entiende que el principio masculino, activo y caliente tiene connotaciones que lo ligan directamente al Origen, al Padre, al Creador. Pero esto es solo un reflejo de la realidad, un eco. Ciertamente este principio positivo tiene analogías con el Absoluto, pero solo se identificará con él si tras un proceso, que describen con matices las diferentes tradiciones espirituales, recupera su opuesto y complementario, que le fue arrebatado, al principio de los tiempos, para poder hacer posible este maravilloso Universo, y que al final de los tiempos, en la antesala de la Eternidad, recuperará para se plenitud o auténtica vacuidad, volviendo a la Casa del Padre dichoso de haber descubierto el Secreto de este viaje. Igualmente al principio femenino, pasivo y frío, generalmente se le asignan cualidades relacionadas con la materia, la Madre, la Creación. También aquí nos encontramos sólo con la mitad de la historia, con una de las caras de la moneda, únicamente recuperando aquello que nos falta seremos completos y dignos de volver a la Casa del Padre.

 

Como Yahvé creó a Eva (el yin) de una costilla de Adán (el yang), así mismo el Absoluto tuvo que separar de Si Mismo la substancia universal (el yin), creando la polarización que permitiría el proceso creativo y la existencia de todas las criaturas.

 

Los principios polares siempre son relativos y dependiendo del estado de equilibrio , del momento del proceso existencial, puede se potencialmente beneficiosos o potencialmente perjudiciales, aunque hasta eso es relativo, porque como bien dice la sabiduría popular no hay mal por el que el bien no venga. Solo en ese contexto de relatividad podemos considerar la existencia del Mal. Y en este sentido bien y mal son fruto de la ignorancia, pues a veces crees estar haciendo el bien y como resultado traes mal y a veces lo que sientes como mal, finalmente, conlleva un beneficio implícito.

 

No se puede comparar bien y mal, en toda su extensión, con la idea de luz y oscuridad, tan solo son ecos deformados de los dos polos universales, de la dualidad generatriz. Bien y Mal son concepto morales susceptibles de manipulación por las diferentes ideologías y religiones oficiales y suelen utilizarse para sustentar el orden imperante. Pero la Vida es movimiento y en ese horizonte todo es relativo, nada permanece, todo esta en constante cambio y transformación. Quien pretenda permanecer agarrado a un extremo de la balanza rechazando el otro lado de la realidad solo puede esperar sufrimiento e insatisfacción. Respetar las leyes del Tao seria saber moverse entre esos dos extremos, yin y yang, que nos permiten disfrutar de este regalo, de esta experiencia única que es la Vida.

 

El mal es separatividad, soledad, egoísmo, miedo, odio al resto del mundo, deseos de poder, falta de adaptación al medio, lucha, agresividad, intolerancia y cuando esto pasa de ser un disturbio anímico a convertirse en un fin en si mismo surge, lo que conocemos como magia negra, que trabaja en esos ámbitos del beneficio personal. El mal tiene que ver con el proceso de individualización y el enquistamiento en este alejamiento del origen y en la separación y el aislamiento, sería comparable a estancarse en la contracción.

 

El bien, con minúsculas, tiene que ver con el proceso de fusión con la globalidad, con una bondad simplista e infantil, con estar invadido por el medio externo, con no tener ideas propias; seria comparable a anclarse en la expansión.

 

Estar en equilibrio saludable es estar dispuesto y preparado a penetrar la Vida y a que esta te penetre, es un acto de Amor no una violación, es una invitación no una invasión. Cualquier detención del proceso es patológica, el bobo y el malvado no son ejemplos a seguir. Volver a ser niños no significa ser felizmente ignorantes. Solo el que culmina el proceso de ser adulto puede recuperar la frescura de un niño y a la vez ser responsable de Si Mismo. Solo quien ha conocido la esclavitud puede reconocer la libertad. Como en la parábola del hijo pródigo, sólo quien se aleja del origen puede ser consciente de la alegría de retornar al Hogar.

 

Conocer nuestras fronteras nos permite aceptar nuestras limitaciones y nos da capacidad y recursos para poder superarlas, ampliando nuestro espacio vital, en el que sentirnos seguros,  más allá de nosotros mismos, en un espacio compartido por toda criatura viviente, en el que sólo tiene cabida el amor y la solidaridad sin límites, pues Todos Somos Uno, como corrientes de agua en el seno cristalino y misterioso de un océano consciente y vivo del que se alimenta toda la Creación.

 

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