EL NIÑO QUE QUERÍA SER HÁMSTER:

 Un Cuento para este solsticio de verano.

 

Era un pequeño soplo de luz lleno de autenticidad y proyectos. Quiso encarnarse por algún designio del Cielo, tal día como hoy, en el útero de su mama. Ella también era luz, pero no lo recordaba pues el polvo de los años le ocultaba su prístino resplandor.

 

Al nacer era una bolita blanca con una mata de pelo rubio que le adornaba la cabeza, su sonrisa era amplia y sòlo provocaba ternura y amor a su alrededor . Aunque, a pesar de lo que muchos creían, no era un libro en blanco, la información que recibía a través de sus sentidos iba determinando las líneas básicas de su personalidad en esta vida. Los estímulos del exterior eran muy importantes para esbozar su identidad terrena , especialmente los de su mama, a la que tan unido estaba. Y ella, que tanto lo quería, sin darse cuenta y por su bien, le iba transmitiendo sutilmente sus miedos y limitaciones, sus inseguridades y frustraciones y, por suerte, también su amor, sus caricias y cuidados. Esas eran las semillas y el resto de estímulos exteriores serían el abono que finalmente darían forma a la planta y a su fruto: al hombre de mañana.

 

Ese niño de luz valoraba como a un tesoro los cuidados de su madre y esa educación que, inconscientemente, ella le transmitía. Los cuidados prodigados en el hogar familiar le hacían comparar el perverso mundo exterior con ese interior seguro que representaba el entorno materno. Por eso surgió en él la idea que de poder ser cualquier otra cosa le gustaría ser un pequeño hámster, como el que le regalo su padre en su cumpleaños. Estar metido en una jaula dorada , con agua y comida en abundancia, todo un surtido de juegos para el solito, algodones mullidos para dormir y un amiguito, como el mismo, que le hiciera caricias y le dejara dar algún paseo por el sofá sin correr riesgo alguno. Esa era la gran idea que mascullaba nuestro niño, y esa idea, si nada lo impedía, le guiaría el día de mañana en la búsqueda de su propia felicidad de adulto.

 

Pero sin embargo al igual que el hámster domesticado tenía en su corazón la chispa vital de un ratón salvaje, curtido en las lejanas estepas y deseoso de aventuras y retos mas allá de su nutrida colonia; el niño, dentro de si, tenía todo un universo de impulsos esenciales que le empujaban por caminos misteriosos, su corazón era el de un peregrino de luz, aventurero de estrellas y galaxias y su curiosidad innata le haría romper la estrecha coraza que las limitaciones del mundo exterior le habían ceñido y reclamaría lo que era suyo por derecho propio, o, de lo contrario, le haría enfermar y morir rabiando, con la sensación de no haberse realizado , de no haber completado su destino en este planeta.

 

Y todo este proceso dialéctico entre las fuerzas internas y externas esta repleto de belleza, de retos, de pequeñas victorias y derrotas, de caídas estrepitosas que tan solo son impulsos para volverse a levantar.

 

Este niño de luz, que todavía llevo dentro, me nutre de una curiosidad prodigiosa que me hace cuestionar todo cuanto parece inamovible y me permite seguir creciendo y darme cuenta, en un momento dado, de cuantas cosas inútiles, que antes me parecían joyas preciosas, acarreo y hoy , 21-06-05, en este cálido solsticio de verano, es buen momento para deshacerme de ellas, quemarlas valorando lo mucho que me sirvieron y lo inútiles que hoy son, liberarme de sus sutiles cadenas y de su peso muerto, encarando de nuevo el camino ligero de equipaje, hacia un horizonte efímero, misterioso y emergente, persiguiendo al flamígero con todo mi Ser tras un mundo nuevo que construir.

 

 

GRUPO DE ESTUDIOS NAIAD

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