LA PRESENCIA DEL SER AQUÍ Y AHORA

 

 

Fue Calderón de la Barca quien, en nuestro siglo de oro, como un buen dramaturgo iluminado nos enseñaba que EL MUNDO ES UN TEATRO, en el que armados de mascaras (las personalidades) representamos una obra. En esa línea, el maestro literato, también nos anunciaba una gran verdad: LA VIDA ES SUEÑO y los sueños sueño son.

 

Esta vida es una ilusión (Maya), un sueño del que debemos despertar, y sobre ello Sidharta Gautama, el fundador del Budismo, también nos  transmitió toda una religión. Este sueño de sufrimiento se basa en nuestra ignorancia, desconocemos quienes somos, de donde venimos y a donde vamos, cual es nuestro origen y destino. Rasgar el velo de la ignorancia y despertar del sueño iluminándonos es la meta del TRABAJO CONSCIENTE aquí en nosotros mismos, representando un auténtico viaje iniciático de retorno al hogar. No solo se trata de desandar el camino de descenso hacia lo concreto y personal, sino de liberarnos de fuerzas ajenas a nuestra Real naturaleza, emparentadas con la fuerza fijadora de la gravedad que nos mantienen sujetos a la materia. Para poder dar este salto nos es muy útil el trabajo en grupo, tal y como representa el símbolo templario de los dos sacerdotes-guerreros cabalgando la misma bestia o como expresó Jesús a sus seguidores: cuando dos o mas os reunáis en mi nombre yo estaré presente.

 

El DURMIENTE INCONSCIENTE vaga por el mundo, enganchado al pasado y proyectando su memoria y recuerdos hacia un futuro inexistente, totalmente ausente e ignorante de lo que verdaderamente ocurre en él y en su entorno. En algunas escuelas de conocimiento a la humanidad dormida también se le conoce como  MUERTOS VIVIENTES. Solo el que despierta o resucita esta realmente vivo y la TIERRA DE LOS VIVOS, de los justos, donde habita el círculo consciente de la humanidad, es su lugar. Para poder realizar en nosotros este proceso debemos comenzar a CONOCERNOS A NOSOTROS MISMOS, autoobservarnos, acecharnos.

 

Estar AQUI Y AHORA es estar presente, MORIR A CADA INSTANTE Y VOLVER A RENACER, sin los limites de nuestros apegos e importancia personal, niños sabios en constante aprendizaje, vivenciando todas las oportunidades que se presentan y exprimiendo la existencia para seguir creciendo hacia el Cielo. Aquí y ahora es PRESENCIA, ESTAR PRESENTES, dejando ir el pasado sin que nos condicione y abrazando el instante presente que es el único futuro posible para un espíritu libre.

 

La presencia es el TESTIGO, nuestro observador interno, nuestro SER, nuestro ESPÍRITU, esa parte inmortal de nosotros que se relaciona directamente con el absoluto, con la UNIDAD. Es nuestra autentica identidad, el amo de esta compleja maquina humana, de este carruaje, que debe llevar las riendas de nuestro destino, hasta hora delegadas a la personalidad, y conducirnos triunfalmente a buen puerto, la Ítaca de Ulises, a nuestro propio reino, a la casa del Padre, como hijos pródigos reclamando su herencia espiritual.

 

Cuando meditamos, estática o dinámicamente, u oramos estamos relacionándonos, comunicándonos con estas realidades sutiles y espirituales, potenciando nuestro SER, incrementando nuestra capacidad de estas presentes. Hay quien compara la meditación a pelar una cebolla, capa tras capa, al final solo encuentra el vacío.

 

Aquí y ahora es el camino, la luz y la vida que decía Jesús, es la ETERNIDAD, eterno presente. Cuando encaramos la forma (la materia) con vacuidad renacemos a cada instante,  sin pretender acaparar nada somos receptores de la totalidad, libres de nuestras cadenas podemos estar en cualquier lugar. Carentes de contenido, de carga inútil, sin apegos, no se produce ningún estancamiento, adquiriendo en nosotros el vacío su función original, transformándose en el CENTRO de nuestro SER.

 

Todos los caminos, todas las VÍAS, llevan a Roma, al AMOR Cada vía es personal, pero finalmente todas convergen en al CENTRO hueco, VACIÓ, de la RUEDA (Samshara), o en un PUNTO CENTRAL sin dimensiones. Este punto, este centro, que representa el NUCLEO DEL SER es el que determina la función en la forma manifestada (física y sutil), en el caso de la rueda esa función es el movimiento; en el del SER es la VIDA espacio-temporal.

 

Aunque las vías son individuales y todas llevan al SER, al AMOR, en el camino podemos quedar atrapados, por lo que no debemos olvidar que, como se dice en el Budo, QUIEN SE QUEDA EN LA TÉCNICA PIERDE LA VIA, quedando de ese modo extraviado en la IMPORTANCIA PERSONAL y en el apego a sus herramientas de trabajo y a sus rutinas. La multitud se queda agrupada hablando frente a las puertas, discutiendo sobre las técnicas y las anécdotas, el auténtico buscador de la verdad (cualquiera puede serlo, todos podemos serlo), no presta atención al ruido de los que parlotean distraídos obstruyendo las entradas del Paraíso, del Reino de los Cielos, del Palacio de Esencia, del Absoluto o como queráis llamarlo; simplemente se abre paso en silencio y cruza la puerta, siguiendo un camino de y con corazón. De este modo se interna en un lugar sin límites donde su SER opera con entera libertad en todo su esplendor.

 

Por todo ello parafraseando los maestros japoneses la MENTE ZEN (mente meditativa) ES UNA MENTE DE PRINCIPIANTE, totalmente vacía pues nada sabe, una mente sin límites, sin murallas; un corazón sin límites, que ame sin condiciones. Como un punto que, sin dimensión, es el origen de todas las formas.

 

Siempre aprendiendo,

siempre sorprendido,

siempre alegre,

recibiendo lo inesperado como un reto,

una aventura del conocimiento silencioso,

un juego divino llamado MISTERIO.

 

El secreto Tesoro

esta en nuestro Corazón

aguardando mostrarse

cuando la quietud y el silencio

alcanzado a través de la meditación

nos permita encontrarlo...

Con paciencia

Con ternura

Con Amor.

 

 

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