EL EJERCICIO

 

De no ser por ese punto, el de la quietud,

No habría danza

Y danza es lo único que hay.

Four Quartets, Thomas Stearn Eliot (Missouri 1888, Londres 1965)

Ejercicios, prácticas, técnicas, protocolos de actuación, estrategias, asanas, formas, katas, etc..., todas son fórmulas de adiestramiento, que en el ámbito de crecimiento personal y el conocimiento interior se utilizan para acceder a un nivel de conciencia de mayor amplitud y profundidad, integrativo y globalizador. Nunca una técnica o un ejercicio es un fin en si mismo sino un medio para abrir alguna puerta, para crecer.

Una vez fluye el arte, la técnica deja de tener sentido , es un ejercicio para el principiante. Como dicen los taoístas "quien se queda con la técnica pierde la Vía". Una vez dicho esto hay que saber apreciar el valor de un buen ejercicio que te ayuda a aprender y a comprender, y por último, dentro de unos límites lógicos y naturales, a ser autónomo: libre e independiente.

Quien anhela vivenciar el origen , su naturaleza espiritual, su trascendencia, desde la ignorancia que nos caracteriza, sólo le queda iniciar una práctica basada en técnicas, ejercicios, protocolos, estrategias, métodos, etc... que le permita acceder a ese estado de conciencia. Naturalmente ese método no es una garantía de nada, pero puede ser un vehículo, sobre todo si nos aseguramos que ha sido contrastado, a lo largo del tiempo, por una cadena de individualidades que poniéndolo en práctica afirman haber cruzado la puerta en cuestión. Por lo general a estas individualidades se les reconoce por sus palabras y sus obras, y no se circunscriben a una u otra tradición religiosa, ni a uno u otra lugar o tiempo. Estar repartidos por toda la faz de la tierra, en todas las religiones y en el transcurso de todos los tiempos.

Esta práctica puede tener diversas formas dependiendo de la cultura de origen, pero siempre se va adaptar a las características que, suponemos por la información recogida, reúne esa esencia espiritual que anhelamos vislumbrar y hacer efectiva en nosotros. Estas características globalmente son: presencia, silencio, quietud, neutralidad, armonía, no juicio, compasión, tolerancia, respeto, no hacer, desapego, amor incondicional, etc...

Por ello cualquier camino que reúna alguna de estas características nos puede ayudar a tomar conciencia cierta de nuestra esencia. Teniendo, por otra parte, absolutamente claro que no hay lugar a donde ir, no hay nada que hacer, no existe meta que alcanzar, pues lo que sea ya esta aquí y ahora en y con nosotros, expresándose, siendo.

Siguiendo los ritmos del Universo, de la naturaleza, armonizándonos con esa melodía que para los hindúes es la respiración de Brahma, para los chinos el Tao, para los cristianos el aliento de la divinidad y el misterio de la Santísima Trinidad y para otros cualquier otra explicación curiosa que podamos imaginar, podemos ubicarnos y encontrar nuestro lugar.

Este ejercicio será valido tanto para las disciplinas espirituales como para otras artes como el de la sanación y la terapia en las que la presencia y la escucha sin juicio son pilares fundamentales del trabajo.

Esas características se sintetizan y concentran en esa pausa inconsistente, que parece que nos es ajena, que ni existe ni se muestra entre tanto movimiento, y sin embargo, es la que asiste e intermedia en todas las manifestaciones de la creación: entre la inhalación y la exhalación, pausa; entre la sístoles y la diástole, pausa; entre la expansión y la contracción, pausa; etc, etc... Es esa pausa la que nos da el rastro de lo intemporal, de lo eterno y la que nos permite entender cual es la base de cualquier práctica que nos quiera acercar a nuestra naturaleza trascendente y original.

Mas allá del papel de intermediario, mediador o facilitador esta la posición del testigo, que desde la quietud intemporal observa todo cuanto acontece. Es ese testigo el punto quieto e insustancial en torno al que gira el mundo y sus fenómenos. Es sintonizando con el testigo como cruzaremos la puerta que nos dará paso a ese lugar sin límite ni tiempo, indescriptible e inimaginable del que emergió todo cuanto existe. Es desde el testigo donde surge la comprensión sin juicio y la posibilidad de cambio.

Agosto 2008

 

 

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