EL EMBRIÓN: semilla de Universo
El embrión es un corpúsculo de arcilla pulsante
que atesora en su seno un rayo de sol.
Procede del choque de dos principios opuestos
pero con un origen, no formal, común y único,
su complementariedad les permite fundirse
para crear un proyecto de Universo:
Un Ser Humano.
El embrión nace ya peregrino y rueda nómada
por las Trompas de Falopio,
hasta su implantación
en el útero materno,
allí echara raíces
como la simiente en la madre tierra.
Una vez haya anidado crecerá y se transformará durante nueve meses,
flotando cálidamente en el océano amniótico, tibio y salado.
Cuando, al fin, su tamaño le haga estar incómodo
en esa gruta oscura del vientre materno,
el mismo impulsará su propio alumbramiento
haciendo un guiño hormonal
al cuerpo de su madre,
y este le empujará a buscar el exterior,
la vida le conducirá al cambio
y, gracias a ello, seguirá creciendo y expandiéndose.
Será su primera experiencia de estrés,
de lucha por la supervivencia,
reptando por el estrecho canal del parto,
abriendo y rompiendo las estructuras
que le impiden el paso hacia la luz.
Será muy costoso, pero si tiene éxito vivirá
y continuará su proceso de crecimiento y transformación
en un mundo muy diferente al que conoció durante el embarazo
Ha sido como una semilla protegida por la oscura tierra
y alimentada por el humus,
que ha roto el duro terruño para lanzar su tallo y sus hojas
al exterior luminoso y allí florecer y dar fruto,
continuando su destino,
aspirando siempre al Cielo y a la Luz
en post de la pura conciencia
y de la prometida felicidad.