PARAR O NO PARAR... : un alto en el camino

 

Parad el mundo que me bajo

 

Anónimo Mayo 68

 

¡ Cuanto nos cuesta parar ¡. Creemos ser dueños de nuestros movimientos y acciones, de nuestro destino, pero cuando somos capaces de vernos desde fuera, como un observador nos vería desde lo alto de una montaña o desde la Luna, descubrimos que esa libertad no es tal, que estamos atrapados en la corriente, inexorablemente arrastrados por el mundo exterior, ya sea por un exterior, muy en la superficie, generado por el medio ambiente, como por un exterior, algo más profundo, generado por nuestras emociones. Somos presa de los empujones del medio natural y de nuestro propio medio psicoemocional. Incluso, cuando paramos por agotamiento, nuestra cabeza se satura de pensamientos e ideas, de ensueños y nos vemos abocados a realizar actividades pasivas y adictivas que llenen nuestro vacío existencial: ir al cine o a cualquier otro espectáculo, ver la televisión, navegar por Internet, hacer crucigramas, leer compulsívamente, comer, en suma mantenernos ocupados en la dispersión. ¡Cualquier cosa menos parar!.

 

Si logramos alcanzar la pausa o nos acercamos a ella conscientemente tras un proceso de búsqueda, más o menos dilatado en el tiempo, podemos disfrutar de sus beneficios, conectar con nuestra naturaleza real y recuperar los recursos que nos permitan seguir aventurándonos en el mundo sin desperdiciar nuestra energía, absurdamente, en tareas rutinarias y pasatiempos sin corazón, como si la Muerte no tuviera una cita con nosotros uno de estos días, ¿quien sabe donde?, ¿quien sabe cuando?.

 

No se trata de que el movimiento sea malo y la pausa sea buena, sino que en un horizonte de salud y bienestar ambos aspectos deben estar integrados. El movimiento, aunque es la característica más relevante de la vida, no puede ser incesante, pues llega un momento en que nos agotamos y finalmente, colapsados, enfermamos. Desde esta perspectiva el equilibrio esta en saber moverse, balancearse, entre los extremos, disfrutando tranquilamente de la pausa y del movimiento, cada uno cuando toca, siguiendo los ritmos que marca el Universo.

 

La agitación mantenida es la causante de una de las plagas más diagnosticada del siglo: el estrés. Un mal endémico de  nuestra sociedad que no viene sólo, trae con él una cohorte de síntomas y patologías asociadas que, lentamente, desestructuran nuestros soportes mental, emocional y físico. En respuesta a esta agitación patológica de la humanidad, el planeta también responde con pautas similares a través de la naturaleza: terremotos, huracanes, tsunamis, vulcanismo, plagas, sequía, inundaciones, etc... En este ecosistema cósmico, Gaia,  todo esta relacionado y cualquier estímulo,  positivo o negativo, produce un efecto en la globalidad, alterándola o armonizándola.

 

No es lo mismo parar por propia voluntad que vernos obligados a parar por desgaste y total agotamiento de nuestros recursos. Cuando no se para jamás, salvo accidente o enfermedad, es porque permanecemos atrapados en una inercia que sólo nos permite avanzar en una única dirección, en un circulo vicioso, como un burro en una noria tras la prometida zanahoria. Sólo si paramos podemos regalarnos el tiempo y el espacio necesario para considerar el lugar que ocupamos en este Mundo y la dirección que realmente queremos tomar para satisfacer todas nuestras necesidades, las superficiales y las profundas, las corporales y las espirituales.

 

Cuando paramos recuperamos recursos y energía, descansamos, y podemos tener una perspectiva de nuestra trayectoria. De otro modo, es una fuga continua a ninguna parte, una huida hacia delante, que nos aleja de nosotros mismos y solo sirve como sustento a un sistema productivo, enfermo y desfasado, que ya no se sabe bien a quien le es útil.

 

Párate, paremos, seamos nosotros mismos. Para ello, cada uno,  necesitamos un tiempo y un proceso particular absolutamente respetable. Sólo si nos damos un respiro nos llegara la inspiración, el aire de lo alto, cargada de buenos proyectos y alimento para el presente.

 

LA PAUSA

ES QUIETUD EN EL ORIGEN,

ES CALMA EN EL MOVIMIENTO,

ES EL PUNTO CENTRAL ENTRE LAS DIRECCIONES DEL ESPACIO,

ES EL PRESENTE PARA EL TIEMPO,

ES LA ETERNIDAD FRENTE A LA TEMPORALIDAD,

ES EL SILENCIO PARA EL RUIDO,

ES LA VACUIDAD RESPECTO A LA FORMA,

ES LA NEUTRALIDAD EN LA POLARIDAD,

ES EL EJE EN TORNO AL QUE GIRA EL MUNDO,

ES LA ESTRELLA POLAR COMO CENTRO DE NUESTRO FIRMAMENTO,

ES EL LUGAR SIN LIMITES QUE OCUPA NUESTRO SER.

 

Desde la pausa se desgranan todas las posibilidades, todos los caminos surgen espontáneamente de ella, todas las acciones y los cambios son abordables desde  aquí y ahora. El Ser, como testigo incólume y albergue del Espíritu, se nos desvela en todo su esplendor cuando realmente paramos.

 

Se hace imprescindible un alto en el camino para seguir caminando, el horizonte es el límite y en el proceso, caminante y camino se hacen uno, pues, como dijo el poeta : caminante no hay camino, se hace camino al andar...

 


 

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