LA MEMORIA CELULAR

 

A lo largo de nuestra formación como terapeutas oiremos hablar a menudo de la memoria celular y tisular, de la conciencia orgánica y de la inteligencia corporal. Hablamos de estos y otros temas similares como si fueran respuestas lógicas y demostradas “científicamente” de nuestro cuerpo, cuando, realmente, la ciencia ortodoxa desconoce los mecanismos tangibles que posibilitan estos fenómenos.

 

 Para nuestro trabajo es importante la existencia de esta memoria celular en las diferentes áreas tisulares y orgánicas, pues se supone que en ellas reside la información sobre la naturaleza de las restricciones y traumas que desequilibran los recursos sanadores del cuerpo y condicionan la aparición de la enfermedad.

 

Recientemente se ha publicado una obra de Masaru Emoto, Mensajes del agua, editada en España por La Liebre de Marzo, en la que se recogen numerosos experimentos con cristales de hielos de dispar localización y expuestos a diferentes condiciones ambientales (físicas, químicas, emocionales y mentales) que demuestra empíricamente la capacidad del agua de retener información cualitativa  de los distintos estímulos a los  que ha estado sometida.

 

Mas del 70% de nuestro peso es agua. Es en las moléculas del agua donde, según la medicina oriental, reside toda la información de nuestro organismo, así como todo el recuerdo de nuestro origen e identidad. Como dato de interés podemos mencionar que el meridiano mas largo de nuestro sistema energético es precisamente el que corresponde a la Vejiga, entraña en la que, antes de ser excretada, se deposita toda el agua del organismo, una vez realizado el circuito completo del cuerpo y recogido, a su paso, la información de los diferentes sectores orgánicos irrigados. Al recoger y almacenar el agua la información, es a través del canal de Vejiga que podemos contactar con las diferentes vísceras y funciones fisiológicas y psicológicas desde los puntos IU de la espalda, tan empleados en terapias  orientales como el shiatsu, el tui-na y la acupuntura.

 

 

En occidente existen varias escuelas de psicología somática (C. Caldwell, E. T. Gedlin, P. Levin, S. Keleman, etc.) y otras corrientes psicocorporales como la Gestalt y la Bioenergética , que trabajan la psique a través del cuerpo desde diversos enfoques. Con anterioridad fue W. Reich quien observó en sus pacientes la existencia de una coraza caracterológica, reaccionando, en ocasiones, catárticamente a la palpación de la misma. Todas estas prácticas experienciales coinciden con la hipótesis oriental de que una fracción de la energía mental circula por los meridianos energéticos superficiales, configurando aspectos del carácter. Esta  información registrada en la superficie de nuestro cuerpo, que contiene o se relaciona con una carga emocional, también esta relacionada con el tejido fascial, también conocido como órgano de sostén, que elabora una densa hurdimbre alrededor de órganos, huesos, músculos y resto de tejidos, interrelacionándolos globalmente  y conformando un traje biológico que consolida nuestra constitución con todas sus restricciones.

 

En los años 60 George Goodheart plasmó sus aportaciones a la terapia corporal en  Touch For Health (Toque para la salud), obra editada en España por Editorial Mandala. La disciplina que fundó, la Kineosología, recogía muchas ideas de W. Reich  y basaba sus test diagnósticos  musculares en la memoria celular, relacionando el tono muscular y las sensaciones con el sistema límbico, también conocido como sistema nervioso emocional.  Por otra parte Paul Pearsall recoge en su best seller El Código del Corazón, editado en España por Edaf, algunos casos de transferencia emocional relacionada con los transplantes del corazón. Pearsall enuncia su teoría de una supuesta energía L  que albergaría el corazón y que sería la responsable de fenómenos como la telepatía, la curación a distancias, etc.. Para él, en el corazón reside el código del alma. Esta curiosa teoría contemporánea , de algún modo, ya es recogida por la milenaria sabiduría oriental que explica como el corazón es el Emperador, Wang, y en él reside el Espíritu inmortal que incorpora información celeste, controlando el psiquismo de una forma global.

 

Volviendo a los conceptos bioenergéticos, la medicina taoísta plantea que en la forma física se manifiestan cinco órganos tesoro que representan a CINCO CUALIDADES ENERGÉTICAS:

 

·         Agua

·         Madera

·         Fuego

·         Tierra

·         Metal

 

Estos CINCO ÓRGANOS TESORO O LLENOS:

 

·         Riñones

·         Hígado

·         Corazón

·         Bazo-Páncreas

·         Pulmones

 

mantienen una serie de relaciones corporales y  psicosomáticas a considerar:

 

·         Una relación con las CINCO ENTRAÑAS HUECAS O TALLER con las que forman matrimonio:

 

*   Vejiga.

*   Vesícula Biliar.

*   Intestino Delgado.

*   Estómago.

*   Intestino Grueso.

 

·         Una relación con las cinco ventanas, LOS SENTIDOS, que conectan con el exterior y recogen los estímulos del medio, las impresiones sensoriales, que son otro tipo de alimento para nuestra estructura, fundamentales para la elaboración de nuestra energía psíquica:

 

*   Oído.

*   Vista.

*   Tacto.

*   Gusto.

*   Olfato.

 

·         Una relación con LOS TEJIDOS como proyecciones tisulares de los órganos:

 

*   Huesos, cabello, dientes y  tejido nervioso.

* Músculos, tendones y uñas.

*   Vasos sanguíneos.

*   Tejido celular subcutáneo o carne, tejido adiposo y tejido conjuntivo.

*   Piel y vello.

 

·         Una relación con los diferentes HUMORES ORGÁNICOS:

 

*   Médula, líquidos densos, secreciones hormonales, líquido céfalo-raquídeo, etc.

*   Bilis, lágrimas, etc.

*   Sangre, plasma, etc.

*   Saliva, esputo, linfa, etc.

*   Moco, agua nasal, mucus bronquial, etc.

 

·         Una relación con los diferentes sentimientos o PSIQUISMOS:

 

*   Voluntad, responsabilidad, miedo y depresión.

*   Imaginación, decisión, estrés, ansiedad y cólera.

*   Alegría, ideación, demencia y tristeza.

*   Reflexión y obsesión.

*   Instintualidad, recuerdo y melancolía.

 

En base a la información que recoge el agua, a esas relaciones orgánicas que nos describe la medicina oriental, a la información que retiene el tejido fascial de sostén  y a todas esas interesantes aportaciones de algunos investigadores occidentales,  podemos empezar a entender los mecanismos que están detrás de la memoria celular, depositaria de una información que nos es preciosa a la hora de abordar la enfermedad desde cualquier punto de vista.

 

No obstante no podemos obviar todo el substrato neurológico vinculado a las diferentes memorias (explicita, implícita, procedimental, etc..), donde se relacionan las diferentes capas cerebrales y se imbrican sensaciones, emociones y pensamientos.

 

Palpando los tejidos con el sentido del tacto, muy vinculado al Corazón, y proyectando una intención y una atención adecuada, podemos rescatar la información  depositada en los diferentes tejidos y, como meros testigos, facilitar la liberación de patrones y traumas restrictivos que nos impiden vivir en salud.

 

 

 


Francisco Sánchez Molinero

 

 

 

 

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