EL LENGUAJE CODIFICADO DE LA CREACIÓN, LA INTELIGENCIA CORPORAL Y LA SALUD INHERENTE.

 

Todas las tradiciones que conocemos nos han tratado de transmitir que cuanto existe esta interconectado y que no podemos ver las partes como entidades autoexistentes, sino relacionadas unas con otras. Sin embargo la ciencia de nuestros días  quiere explicar el Universo como si se tratara de una gran maquina, que cuando le falla una pieza sólo hay que cambiarla y a funcionar. Es el caso de numerosas enfermedades en las que  siempre justificamos su presencia por una carencia de substancias o por la aparición de algún bichito o parásito agresor. Esta visión nos puede tranquilizar y mantenernos apoltronados en nuestra incapacidad de entender que somos también responsables de lo que esta sucediendo en nosotros y a nuestro alrededor. La substancia o el bichito son la punta del iceberg, tras ellos hay un encadenamiento de sucesos, es decir todo un proceso, que explica la culminación final en el hecho concreto. No basta con suministrar a un enfermo mental tal o cual principio activo, del que es deficitario, para que este se restablezca y vuelva a ser autónomo; y como en este caso, todos los demás.

 

 El Universo entero, podríamos decir  alegóricamente que, conforma un ecosistema complejo en el que  cualquier incidente en una de sus partes puede provocar un proceso, que mas tarde o mas temprano, tendrá un efecto global, es el famoso efecto mariposa. Si esto es así en el Universo, imaginemos las repercusiones de estos procesos en nuestro planeta e incluso en nuestro propio cuerpo.

 

Cualquier medicina tradicional trata al paciente como un ser total, es decir holísticamente, jamás se dirige únicamente a la parte enferma e incluso cuando trata la parte, no tiene porque manipularla directamente, sino que muchas veces recurre a una zona distante de la misma para que el efecto salutífero sea mayor. Lo mismo ocurre con técnicas modernas como la terapia craneosacral, e incluso algunas tendencias osteopáticas, entre otras.

 

De algunas investigaciones neurológicas se desprende que las experiencias místicas tiene una relación con los lóbulos temporales y frontal. Con ello, algunos,  quieren reducir el espíritu  a pura materia: pesarlo, medirlo, empaquetarlo y etiquetarlo. Parece evidente, o al menos no carece de cierta lógica, que lo sutil no puede expresarse directamente en lo grosero, y que son necesarios toda una serie de escalones intermedios que hacen posible esta expresión. Estamos ante el lenguaje codificado de la Creación que se precipita desde la Fuente Original en cascada, utilizando diferentes medios para mostrarse en cada nivel y enlazar con el siguiente, hasta manifestarse en la vida que conocemos:  los 10.000 seres de los que nos habla el Tao Te King. Un pensamiento necesita, entre otras cosas, de una mano, un lápiz y un papel  para poder ser escrito, con nuestros ojos no podemos verlo sino se relata. En esta línea tradicionalmente para hablar de determinadas realidades indescriptibles o desconocidas, de índole metafísico, se ha recurrido al lenguaje simbólico, al mito y a la alegoría.

 

Del mismo modo el impulso de la vida desciende a la materia, desplegándose a través de diferentes medios en los que su presencia adquiere la cualidad y la vibración que se precisa en ese grado de desenvolvimiento. En esta línea en el organismo vivo se habla del cuarto sistema, el sistema energético, como cúspide  de otros tres sistemas que de abajo a arriba serían: vascular, endocrino y nervioso. Y mas allá de ese sistema energético que podemos ver funcionar en de los meridianos que nos describe  la MTCH y en los nadis y chakras hindúes, se pueden hablar de otros niveles aún más sutiles e inmateriales que nos acercan aún más hacia nuestro verdadero origen.

 

Nuestro cuerpo es una unidad funcional en la que conviven no solo órganos y tejidos, sino también diferentes niveles de conciencia que algunos autores han calificado de cerebros o centros. Estos niveles se pueden resumir en tres: instinto, emoción y mente o pensamiento, sentimiento y sensación/acción. Somos seres tricéntricos o tricerebrales.  Estas tres conciencias conforman una unidad y para que tengan coherencia han de estar alineadas, funcionando sincrónicamente y utilizando cada una de ellas una calidad de energía que le es afín. De lo contrario se produce la enfermedad, producto de la debilidad del sistema  y la consiguiente penetración de energías perversas del exterior y las producción de situaciones patológicas en nuestro interior.  Estos desequilibrios nos ponen al alcance de lechos morbosos subyacentes que se  alimentan de las energías de nuestros antepasados: energías hereditarias o miasmas, debilitando nuestra coraza defensiva natural y facilitando la invasión de factores climático-ambientales. En resumen, se produce un desequilibrio en nuestra hemostasis interna y en la homeostasis con el exterior. Perdemos nuestro norte, olvidamos nuestra función, nuestro hacer, nos degradamos, enfermamos y morimos antes de consumir todas nuestras posibilidades biológicas.

 

En nosotros existe una inteligencia corporal que gobierna nuestro organismo como una unidad funcional, y permite la armonía y cooperación de las miles de reacciones que se producen en nosotros cada millonésima de segundo. Esta inteligencia corporal debería estar integrada en nosotros, pero, de algún modo, en el proceso de civilización nos hemos desconectado de ella. A pesar de esta desconexión cultural, la inteligencia corporal sigue funcionando y nos mantiene  con vida y relativa salud. Esta inteligencia corporal, normalmente, no se expresa pensando o hablando sino actuando y tiene una relación muy directa con nuestro nivel instintivo de supervivencia y conservación. La inteligencia corporal trata de respetar y proteger, a pesar de los obstáculos que le ponemos,  el plan inherente de salud que reside en nosotros desde el empuje inicial en el mundo nada más ser concebidos. Este plan inherente de salud es como un mapa para la Inteligencia Corporal y en el todos los recursos apuntan hacia la vida y la supervivencia, con la finalidad de que podamos desarrollar el papel que hemos venido a interpretar en el escenario  del planeta.

 

La desalineación y confusión de los diferentes niveles de conciencia nos ha alejado del estado natural de salud y nos ha puesto a merced de la enfermedad. Pero la enfermedad  es un lenguaje y sus síntomas mensajes que nos tratan de indicar  lo que esta fallando y el camino que lleva a la recuperación y al recuerdo de nuestra función, de nuestro autentico hacer en el mundo.

 

La señal de que todo va bien es una sensación estable y duradera de paz y bienestar que quizás sea lo más parecido a la felicidad que podemos obtener aquí y ahora.

 

 

 

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