INDEPENCIA, INTERDEPENDENCIA Y SOLIDARIDAD

 

Inmersa en la intimidad de nuestro organismo existe una sabiduría organísmica , bautizada así por las escuelas de psicología somática (Reich, Roger, Lowen, etc...), a la que nosotros nos referimos como inteligencia corporal, que gobierna nuestra instintualidad y por ende nuestra homeostasis interna y externa y nuestra salud inherente. Esta sabiduría enredada entre células, tejidos y órganos recoge un plan insuflado desde el cielo pero prendido en la Tierra, en la carne. Este plan se refleja en todos nuestros niveles: pensamiento, sentimiento e instinto, y tienen su manifestación y correspondencia en toda la extensión de nuestros hacer, empujándonos hasta la consecución de nuestro destino e interviniendo en la génesis de nuestra desazón, inquietud, angustia vital y en todo el rosario de sintomatología psicosomática que padecemos. Este plan, que circula por venas y arterias y conspira en nuestras células, se plasma externamente a nivel biológico, social y cultural e internamente en nuestra vida anímica y espiritual, siendo el motor de todas las ideaciones de factura humana que delimitan nuestra civilización y su historia: ciencia, política y religión.

 

Dentro de este contexto podemos expresar en toda su profundidad y amplitud:

 

Somos libres de desarrollar todas nuestras posibilidades en igualdad de condiciones con el resto de la humanidad a la que estamos fraternalmente unidos por ese amor compasivo, servicial y solidario que fluye desde el centro primordial de todo cuanto existe: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

 

He ahí reunidas las tres partes del lema masónico que agitó hasta la saciedad la revolución francesa, y por las que se cometieron numerosas atrocidades, aunque, por otra parte, a su vez conforman un triángulo en la simbología masónica que alberga el carácter solidario del Espíritu como realidad Universal. En la cúspide de ese triángulo esta la Libertad entendida como el gozo espiritual que rompe todas las cadenas y en la base la Igualdad como hijos de un mismo padre y la Fraternidad como hermanos en la creación. Si vinculamos los tres aspectos estamos definiendo la cooperación simbiótica y solidaria que nutre desde la base a este Universo. Esta solidaridad permite la vida al hacer factible que los principios opuestos en lugar de alejarse sin posibilidad de encuentro se complementen y sean fecundos.

 

Cada movimiento socio-político ha recogido un fragmento de este lema y lo ha hecho suyo:

 

v     El liberalismo capitalista recogió la libertad como formula que agudizo las diferencias entre las clases y la concentración de riqueza y poder en unos pocos.

 

v     Los movimientos sociales de izquierda recogieron la igualdad como un concepto plano que en muchos casos eliminaba la sutileza de lo diferente.

 

v     Los movimientos religiosos y espiritualistas se quedaban con la fraternidad como un concepto moral y jerarquizado en el que la limosna era el principal acto solidario.

 

 

Estos tres lemas que por separado dan a luz a diversos y contrapuestos escenarios, unidos en un sello indivisible conforman una fuente de luz espiritual y de progreso en todos los aspectos de la existencia. Conforman tres aspectos de nuestra realidad original solidaria como hijos del mismo Sol espiritual, denominado por cada tradición y cultura con un nombre diferente, pero que lejos de confundir babelianamente, sus diferentes facetas enriquecen los aspectos de esta creación genuina.

 

En la intimidad de esta materia, de esta carne que albergamos, como si de un templo se tratase, ya existe el principio solidario, cooperativo y simbiótico entre las partes para configurar una realidad superior que evoluciona desde el mas ínfimo quantum de energía hasta cada una de las criaturas que conforman este universo y mas allá. Incluso el primer ladrillo de la vida: la célula , se configura como un ente cooperativo capaz de construir tejidos, órganos y seres autónomos. En el corazón de la propia célula se da la colaboración entre arcanas bacterias devenidas en mitocondrias (hoy catalagodas como orgánulos celulares metabolizadores de oxigeno y ADN propio que habitan el sistema intracelular hasta un promedio de 2.000 mitocondrias por célula) y una criatura única, la propia célula, lo cual nos da una idea de como la cooperación simbiótica, la independencia interdependiente, es la base de toda la creación.

 

Ya en siglo XVIII el pensador anarquista Kropotkin escribió una obra pionera: El apoyo mutuo, en la que planteaba paralelismo entre la vida animal y la humanidad y ensalzaba ese apoyo mutuo solidario en contraposición a la lucha por la supervivencia y la competencia, teorizadas por Darwin y glorificada, la competencia, por el liberalismo dentro de los supuestos valores y derechos del individuo.

 

Apoyo mutuo, fraternidad, amor, compasión, servicio, solidaridad, cooperación, todos ellos son aspectos unificadores que en el esquema trinitario tienen que ver con el Hijo, con el corazón, con la humanidad, con la neutralidad y con todos esos aspectos que hacen de bisagra entre el Cielo y la Tierra. En esta trinidad, tambien llamada ley de 3, de la que nos hablan todas las tradiciones verdaderas, la Libertad estaria directamenta conectada con el Cielo, con el Padre, con el Uno, y la Igualdad con la Tierra, con la Madre, con la dualidad, esa madre que quiere por igual a todas sus criaturas y que a todas apoya para que puedan Ser.

 

Solidaridad es nuestra capacidad y nuestra virtud de actuar como hijos del Cielo y de la Tierra, como soles o rayos de luz de ese sol central al que cada cultura y/o tradición, en su ignorancia, da un nombre, siendo dadores de luz propia y valedores de la vida y la creación a través de la compasión y el servicio que es la manifestación en la acción de nuestra autentica y ancestral luminosidad.