EL SOPLO VIVIFICANTE EN LA CONCEPCIÓN

 

Y Dios sopló su aliento sobre la roja arcilla y creó al ser humano...

 

Este acto se despliega en el mundo sensible cuando sobre la lámina embrionaria emerge la línea primitiva, creada por el empuje de un soplo organizador, el Aliento de la Vida, que produce una incisión sobre la superficie, posiblemente roja, del embrión.

 

A partir de esta fosa axial, en el embrión, comienzan a desarrollarse procesos que, finalmente, le trasformarán en una criatura independiente. Esta primera línea es una impresión en la materia que posteriormente desaparece como tal, quedando solo su proyección vertical en la línea media de nuestro raquis, mas concretamente en el eje que forman los cuerpo vertebrales, vestigio de lo que fue la notocorda embrionaria.

 

Esto nos recuerda al trabajo que realiza el maestro soplador cuando crea una delicada pieza de vidrio, insuflando su aliento sobre la masa cristalina incandescente, al rojo vivo. En los seres vivos el soplo del Aliento de la Vida penetra desde la parte caudal del embrión que más tarde será el final del tubo digestivo, la cloaca, y asciende hasta la zona cefálica. Por ello según la Tradición oriental la energía o soplo primordial reside en los riñones y el primer canal energético surge, en la cúspide de la línea primitiva, del nudo de hensen, temprana concentración celular responsable, en el desarrollo embrionario, del impulso inicial que acabará gestando el eje vertical de la notocorda y el tubo neural, a partir del cual se diferenciaran cada uno de los tejidos corporales. Este canal energético es conocido como Triple Recalentador o San Jiao y es el artífice del despliegue ascendente de los diferentes sistemas orgánicos: génito-urinario, hepato-digestivo y  cardio-respiratorio, y  a nivel alquímico de los tres campos de cinabrio o fogones representados por un nivel abdominal (hara), un nivel torácico (centro del pecho) y un nivel cefálico (entrecejo o tercer ojo).

 

El poder del Aliento de la Vida, del soplo primordial, anidará en nosotros durante toda nuestra existencia física, vivificando nuestra estructura de seres axiales, verticales, encaramados hacia el Cielo pero sometidos a la fuerza de la gravedad, al peso de la materia.

 

La gravedad con todas sus implicaciones, físicas y  metafísicas, como fuerza propia de la Tierra, de su solidez y poder atractivo, es la responsable de la desalineación de nuestro eje vertical,  que si a nivel corporal viene dado por cabeza, tórax y abdomen, a nivel mas profundo esta constituido por pensamientos, sentimientos e instintos o sensaciones, es decir por nuestro pensar, nuestro sentir y nuestro hacer. Esta desalineación que entorpece el fluir de nuestra estructura psicosomática, organísmica, nos conduce sin remedio a enfermar.

 

Hay que conseguir que todas las estructuras involucradas en nuestra forma humana se mantengan verticales en torno a ese eje virtual que nos delinea como seres entre el cielo y la tierra, y de ese modo realizar nuestra función como mediadores entre ambas naturalezas.

 

Esencialmente somos fulcros (puntos de quietud, fieles de la balanza) entre dos mundos que gravitan a nuestro alrededor, interna y externamente, siendo nuestra función ideal estar presentes en este movimiento continuo, de uno a otro extremo, sin adoptar ni mantener ninguna posición

 

Representamos a esa pausa que posibilita una constante y armónica expansión- contracción, proceso que compone la melodía del Ser Humano, un sonido total que tiene su origen en el poder de la conciliación de los opuestos, en la gracia divina de la danza cósmica y universal de la paz, de la concordia, etimológicamente con corazón. El corazón simbólica y energéticamente también media entre lo infrahumano y lo suprahumano, entre el instinto y la inteligencia, siendo en si mismo conocimiento directo, pura intuición.

 

 

 

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