EL ARTE DE LA SANACIÓN: El poder de la conciliación.

 

Dicen las antiguas tradiciones que Hermes fue el padre de la medicina. Curiosamente a Hermes se le relaciona con Mercurio, el mensajero de los dioses, habitantes del Cielo. Es a Hermes a quien se le atribuye la frase “como arriba es abajo” y se le representa llevando una vara en la que se concilian los opuestos, simbolizados por dos serpientes enroscadas en torno al eje de la vara, que se miran cara a cara. Este instrumento ordenante y conciliador hoy lo encontramos dibujado en nuestras farmacias y es representativo de todo lo relacionado con la salud y el bienestar.

 

Por ello el sanador, como el sacerdote de los tiempos clásicos, es un mediador entre las fuerzas universales y las manifestaciones o expresiones individuales de dichas fuerzas, un mediador entre el Cielo y la Tierra, entre el Dios y la Humanidad.

 

Partiendo de este punto de vista, el terapeuta, versión modernizada del sanador, cuando adopta el papel de mediador relaciona al paciente, sometido a la desalineación de su estructura individual, con las fuerzas universales que operan en su seno y que albergan el principio ordenante universal y la salud inherente que este organiza.

 

El sanador cuando escenifica su papel de mediador en el acto ritual de la sanación, esta vehiculizando fuerzas universales que se despliegan hasta la realidad sensible, reproduciendo el macrocosmos en el microcosmos, como arriba es abajo.

 

En el mismo cosmos, que etimológicamente implica orden y belleza en contraposición al caos, todos los elementos que lo conforman se articulan en torno a puntos, aparentemente inmóviles, que constituyen fulcros naturales de quietud, permitiendo la permanencia y la armonía del Universo. La Luna gira en torno a la Tierra, la Tierra y el resto de planetas en torno al Sol, el Sol en torno a una estrella lejana, y finalmente, en este complejo entramado, llegaríamos a un punto inmóvil en el corazón del universo, un fulcro universal de quietud en torno al que se despliega toda la creación.

 

En el seno de estos procesos siempre son funcionales tres fuerzas, una positiva, otra negativa y una tercera neutral o conciliadora. El terapeuta como elemento neutral en el proceso sanador representa a esa fuerza conciliadora que conecta directamente con el principio ordenante universal. Al igual que la estrella polar representa al fulcro inmóvil de nuestra cúpula celeste, el terapeuta adopta el papel del norte universal para las fuerzas que se agitan en el cuerpo del paciente, una brújula que guía de nuevo al cuerpo hacia el principio ordenante y hacia la salud inherente que este gobierna.

 

Conscientes del papel que representamos como terapeutas al trabajar en esta dirección, debemos cada día orientarnos hacia nuestro propio norte, para poder servir mejor a esa misteriosa fuerza ordenante que baña el Universo con la comprensión y la calidez de una madre amantísima.

 

 

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