EL BUDA QUE HAY EN MI, EL BUDA QUE HAY EN TI:

 consideración interna y consideración externa

 

Si ves al Buda, mátalo

    Anónimo Zen

 

¿Cuántas veces habré repetido esta desconcertante frase con ánimo de prevenir sobre los falsos maestros que andan sueltos, ahí fuera, a la pesca de alumnos-clientes que les gratifiquen emocional y/o económicamente? ¿Y cuántas veces, al mantener esta opinión, estaba metiendo la pata hasta el fondo y equivocándome al interpretar, de este modo crítico y externo,  la sabiduría implícita en  el conocido, y nunca suficientemente entendido, dicho Zen que encabeza este escrito?.

 

Un buen día, no muy lejano, meditando sobre la Vida, entendí que quien diseñó esa diminuta frase, de poca amplitud pero de hondo calado, no se refería a nada que hubiera ahí fuera, a ningún peligro o veleidad del exterior, sino que estaba metiendo el dedo en la llaga de nuestro propio ego, de ese ego pequeñito que tantas veces nos conduce por caminos trillados y equivocados, y que tantos deseos tiene de notoriedad, medallas y reconocimientos. Se estaba refiriendo a la creencia, que alguno de nosotros pudiésemos albergar, de haber alcanzado algún lugar, de haber llegado a alguna meta, de haber adquirido cierto poder, prestigio o dominio de no se sabe bien que, pues estamos hablando de concepto subjetivos,  diseñados con pinceladas mentales, emocionales e instintivas, a las que globalmente nos gustaría bautizar como intuiciones o inspiraciones espirituales, pero, que en la mayoría de los ocasiones, solo son ínfulas de nuestra personalidad o ego pequeño que quiere afianzarse, contranatura, sobre nuestras espaldas como un parásito dependiente de una energía que no le pertenece.

 

Por ello, el sabio nos advierte que cuando, en nuestro interior, veamos a ese Buda, sonriente y complaciente en su elevación sobre el resto de los mortales, le cortemos la cabeza y prosigamos una vía de Compasión  en la que todos los seres seamos contemplados iguales, pues todos somos uno; aunque en nuestro camino de corazón, de conciencia , unos sólo sean conscientes  de su ego, otros de su comunidad, nación o tribu y otros estén más próximos a esa Conciencia Universal que  les exige más compasión, más tolerancia y más comprensión de las diferentes posibilidades que se manifiestan en el planeta.

 

Esto me hace recordar  el concepto de consideración que, como nos dice San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías, hace referencia a consultar con las estrellas ( con sideral) a contrastar nuestros actos con nuestro destino celeste, con aquello que hemos venido a hacer aquí, con nuestra función en este escenario universal. La consideración, como enseñan las autenticas escuelas de conocimiento, siempre ha de ser interna, es decir basada en la autocrítica y en la autoobservación:  el conocimiento de uno mismo. La consideración externa, es decir sobre el exterior y los demás, haciéndolos culpables o responsables de nuestras gracias y  desgracias, no sólo es una pérdida de tiempo sino que redunda en la ignorancia y en el alejamiento de la única solución a todos nuestros problemas: adquirir más conciencia de quienes somos y que hemos venido a hacer aquí y actuar en consecuencia , con nuestro pensamiento, nuestro sentimiento y nuestro hacer en consonancia con la melodía del Universo.

 

 

Francisco Sánchez Molinero

 

 

 

 

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