LA ALEGRÍA DEL DESCUBRIMIENTO

 

En los albores de esta nueva era tecnológica e informatizada, donde la red internáutica esboza una caricatura grotesca de esa Unidad metafísica que da sentido a nuestra existencia, vivimos en una sociedad, competitiva y envidiosa, que concede mas valor al Tener que al Ser.

 

El deseo de tener ha transformado la estrategia, primitiva y biológica, de consumo, es decir, de satisfacción de nuestras necesidades básicas echando mano de la despensa de la naturaleza, en una estrategia, desquiciante e insatisfactoria, de consumismo, en la que hacemos acopio de lo superfluo e inútil, transformando este espejismo, acaparador y posesivo, en la meta de nuestro proceso vital.

 

Ser o Tener no son, en realidad, conceptos opuestos sino realidades de orden diferente. El Ser tiene que ver con lo autentico que habita en nosotros, con nuestra esencia indeleble, con nuestra desnudez primigenia, desvergonzada y gratificante. El Tener forma parte de nuestro aterrizaje en la carne, sometida a necesidades que cubrir, a impulsos e instintos de supervivencia que nos empujan a actuar o en su defecto a enfermar y/o morir:

 

v      Tener comida y bebida,

v      tener abrigo de las inclemencias y protección de los peligros,

v      tener refugio y descanso,

v      tener pareja para procrear y /o amar,

v      tener sentido de pertenencia a un grupo, que nos aleje la soledad y nos permita relacionarnos,

v      tener un medio social y material viable para desarrollar todas nuestras posibilidades,

v      tener reconocimiento de nuestros coetáneos, etc...

 

Abraham Maslow esbozó una interesante pirámide de necesidades en las que se ven reflejadas todas esas tenencias indispensables para que el Ser pueda florecer libre de la esclavitud de la adversidad y que se relacionan muy de cerca con el concepto de conciencia y con la amplitud y la profundidad de la misma.

 

Aunque, para vernos libres de esa adversidad del medio, los sabios, especialmente los taoístas, proponen no imponerse al medio sino aliarse con él, siguiendo sus reglas o leyes y sacando partido de todas las posibilidades que nos ofrecen los ritmos de la naturaleza. O lo que es lo mismo una estrategia no competitiva sino cooperativa con el proceso creativo.

 

Para seguir esta conducta no competitiva tenemos que ser capaces de aceptar nuestra pequeñez ante este Universo que nos alberga y con el que compartimos las leyes que lo sostienen tal y como lo conocemos y con las que tenemos que convivir para hacer nuestro viaje, nuestro camino, con alegría y disfrute, contemplando todo cuanto acontece en nosotros y en nuestro entorno como un descubrimiento repleto de misterio e imprevistos.

 

El tener desmedido, haciendo acopio avaricioso, transformando en inútiles , en su acumulación no circulante ni distributiva, todos los tesoros que nos ofrece la vida para uso y disfrute compartidos, es contrario al bienestar y por tanto representa un mal uso y un derroche. El acopio desmedido conlleva necesariamente el estancamiento y la putrefacción de lo acumulado. Como entes encarnados estamos destinados a la vacuidad, somos recipiendarios de todos los estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso) y mas allá. Esta materia , de la que somos gestores y responsables, debe circular, entrar y salir, dar y recibir. Si este proceso dinámico no se produce sobrevienen todo tipo de males y patologías: físicas, mentales y espirituales.

 

Por tanto la riqueza deber ser circulante y, de este modo, nutrir a todo el sistema, permitiendo que se desarrollen todas las posibilidades de la Creación.

 

En este proceso no competitivo poco importa estar por encima o por debajo, ser mejor o peor en relación a otro referente exterior, pues en este viaje las comparaciones son odiosas y tan solo existe, en cualquier dirección y tiempo, un camino jamás hoyado para ser andado por nuestros propios medios.

 

En este trance solo nos queda sorprendernos de cada acontecimiento, crecer con cada experiencia, crecer en conciencia, crecer en profundidad y amplitud. No se trata de saber más para ser más o tener más, sino de disfrutar sincera y realmente del viaje, de la experiencia y el aprendizaje cotidiano. No hay puertos ni metas en este peregrinaje, solo caminos que aparecen ante nosotros y se cierran a nuestras espaldas, y nuevos paisajes que descubrir en un horizonte que jamás se alcanza, porque el horizonte somos nosotros mismo y siempre ha estado aquí y ahora empujándonos a descubrirnos.

 

La conciencia tiene la virtud de incluir,  nunca es excluyente. Sus armas son la tolerancia y la compasión, puestas al servicio de la obra magna que representa esta Creación, este Universo.

 

 

 

VOLVER A PAGINA ANTERIOR

VOLVER A PAGINA PRINCIPAL