DESPIDIENDO A CARLOS: La Pietá
La fuente del más supremo grado es origen del color
que se transformará en Alegría de Vivir en la ruta del Espíritu,
que comunica el interior con el exterior y llega al límite de la tierra,
donde está la piedra sonora del templo de jade y la puerta del Espíritu,
de donde brota la Alegría en conformidad con el cielo y en concordancia con los hombres de un manera dulce y juiciosa.
Es el momento de comenzar la Transmisión.
Canto alquímico del meridiano del Corazón. Inspirado en el texto del Dr. José Luis Padilla Corral (Curso de Acupuntura, Miraguano Ediciones 2008)

Este mes de abril, rico en agua celeste que ha impulsado una floración primaveral generosa, también ha sido un mes triste para todos-as nosotros-as. Nuestro corazón llora la ausencia de un buen amigo, de un maestro, de un compañero. Carlos Rodeiro se ha marchado casi en silencio, sin hacer ruido, dejándonos a todos y a todas los que manteníamos alguna relación con él, consternados por su pérdida irreparable e irremplazable.
Para nosotros/as el encuentro con Carlos fue un regalo de la vida. Nos descubrió todo un mundo a través de su particular visión de la Biodinámica Cardio Vascular que contribuyó a completar nuestra comprensión de la salud y nos aportó un enfoque terapéutico que ha terminado siendo definitivo y fundamental para nuestro trabajo.
En sus seminarios y en sus compartires descubrimos con enorme sorpresa a un auténtico transmisor de la tradición osteopática, con mucho conocimiento de las fuentes que originaron lo que hoy conocemos como Terapia Biodinámica Craneosacral. Alguna vez bromeamos con la idea de que formaba parte de la cadena de transmisión de la tradición osteopática, pues era colaborador y discípulo de M. Shea, que a su vez era discípulo de J. Jelous, que a su vez fue discípulo de R. Becker, que a su vez fue discípulo de W.G. Sutherland que, por último, fue discípulo del padre fundador de la osteopatía Taylor Still. Honrando todo este linaje que representa un caudal continuo de conocimiento que llega hasta nosotros-as y al que daremos continuidad con respeto y agradecimiento.
También nos encontramos con un maestro de un talante particular que se adaptaba perfectamente a nuestra sensibilidad. Bien enraizado a la Tierra a la par que sostenido por el Cielo. Capaz de cultivar la Calma y expandirla como Marea en un Campo de aprendizaje. No solo buceaba en lo sutil, en los matices del campo mareal, cuando tocaba
también utilizaba el chiste, la anécdota, la música, la cita de los clásicos de la osteopatía y, por supuesto, todo el caudal de su asombrosa experiencia terapéutica.
Con Carlos podías compartir una buena conversación, una buena comida, una buena sobremesa, con recital incluido, y también, cuando era propicio, un espacio meditativo desde el corazón que te permitía navegar, como auténticos-as camponautas, por las diferentes zonas del Campo de Presencia, de materia y energía, en el que estamos manifiestos: la Totalidad Encarnada.

Ahora, la pérdida de este maestro entrañable nos deja huérfanos-as, nos duele en el alma. Teníamos formaciones pendientes, posibles encuentros y compartires cercanos en el tiempo y nos hemos quedado desorientados, como entre una inesperada niebla, ante su repentina pérdida. Desde este duelo por la partida de un ser querido estamos retomando la orientación que marca la estría primitiva en nuestra anatomía embrionaria y que después supondrá el eje de nuestra línea media que siempre apunta su timón a la vida como escenario de nuestra experiencia.
Él ya ha abrazado el Misterio que somos y desde allí quizás nos pueda percibir, sentir nuestro Amor y nuestro apoyo en su viaje. Nosotros-as, por nuestra parte, buen Amigo y querido Maestro trataremos de perpetuar tu legado y enseñanzas en nuestro día a día.
No queremos terminar sin dejar de mostrar algunas de las perlas que Carlos nos enseñó en su transmisión de la Biodinámica Cardio Vascular:
LA PIETÁ
La mejor manera de acercarse al cuerpo fluido es sutil y compasivamente. No vamos directamente a contactar con las estructuras, sólo nos aproximamos a ellas con la yema de nuestros dedos, sin presionar, flotando sobre la frontera de la piel. Nos orientamos de la piel hacia adentro, en nuestro propio cuerpo fluido y sus fulcros naturales, nos sincronizamos con el cuerpo fluido del paciente, su biosfera y nos sintonizamos con la Respiración Primaria y su manifestación en los diferentes campos o zonas (A, B, C y D). Este acercamiento con nuestras manos flotantes y nuestra atención repartida un 20% en el paciente y un 80% en nosotros como testigos de lo que acontece, sentados detrás del corazón, sin bucear en la anatomía del paciente, sin tratar de dirigir las fuerzas inherentes de los tejidos, dejando que suceda, sin hacer nada, sólo permitiendo que la Respiración Primaria haga lo que tenga que hacer.
A esta formar de contactar la llamamos Pietá, en alusión a la Pietá de Miguel Ángel Buonarroti, grupo escultórico realizado por el artista florentino entre 1498 – 1499 y ubicada en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Aunque a lo largo de su vida realizó varias escultoras sobre el tema de la Piedad, esta sobresale por la dulzura de una mujer joven de rostro tranquilo y amoroso, supuestamente la “Virgen” María, que con sus manos abiertas sujeta sin ninguna fuerza el cuerpo sin vida de un Jesús mucho mayor que ella. Otra Pietá, atribuida también a Miguel Ángel, que se presentó como modelo en terracota para optar al concurso para realizar la Pietá del Vaticano, es muy curiosa, pues los brazos compasivos que sujetan a Jesús emergen de una túnica que, por la espalda de la mujer, dibuja con sus pliegues un gran corazón. Esta imagen de terracota además parece ser que representa a María Magdalena, y a sus pies hay un angelillo con carcaj y flechas que puede ser Cupido.
La imagen de la Pietá inspira nuestra manera de contactar con el cuerpo fluido y el sistema cárdio-vascular.

Por otra parte, ahondando en el significado de Piedad, nos encontramos con datos muy esclarecedores que no solo relaciona a la piedad con el corazón, como nos señala la figura de terracota, sino también con el útero. Piedad etimológicamente viene del latín pietas, que se relaciona con la bondad y la devoción en relación a los hombres y también hacia los dioses. Es en el mundo hebreo donde encontramos la aportación más interesante, el termino rajamin indica piedad y deriva de rejem, que significa útero. El útero es el órgano a través del cual se crea el vínculo entre una madre y su hijo. Uno de los adjetivos otorgados a la divinidad es rajum: piadoso. En la medicina tradicional china el útero y el corazón, junto con el riñón (el fuego y el agua) se relacionan energéticamente. Estas son algunas pinceladas entorno a la piedad.
Con todo ello podemos entender lo que implica ponernos en posición de pietá, mas allá de cómo o donde se pongan las manos. La piedad surge de nuestras manos que han crecido, embriológicamente, en ese segmento corporal compartido con el corazón y al ritmo de sus pulsaciones.
Cuando buscamos ese contacto compasivo y para mantenerlo en el tiempo debemos de encontrarnos cómodos, adoptando posiciones relajadas, haciendo uso de apoyos que las faciliten, como cojines o bloques ligeros y adaptables en los que reposar o fulcrar nuestros brazos, podemos cambiar la posición las veces que sea necesario hasta encontrar la forma adecuada en la que poder soltar nuestra atención, sin bucear, sin seguir o perseguir los patrones corporales y/o energéticos, sólo observando como testigos de lo que acontece en los distintos campos o zonas del paciente y de nosotros-as mismos-as. No se trata de estar mucho o poco tiempo en una posición, lo suficiente, el límite nos lo indicará la Respiración Primaria, los cambios perceptibles o nuestra propia voluntad y la idea que tengamos de la sesión que estamos realizando.

De este modo, con este contacto sutil entre el cuerpo fluido (zona A, de la piel hacia dentro y zona B, la biosfera) del cliente y del terapeuta, y la presencia de esa zona C uterina y la zona D de la naturaleza generaremos una biología de dos, en la que esas dos realidades, terapeuta y paciente, se solaparán e intercomunicarán. Estamos hablando de la neurobiología interpersonal, concepto acuñado por Daniel J. Siegel, médico y profesor de la UCLA. El Dr. Siegel nos explica que el cerebro esta modelado por nuestras experiencias interpersonales. No existen cerebros aislados, el cerebro es un órgano de adaptación creado para la relación y desarrolla sus estructuras a través de la interrelación con otros cerebros. Las conexiones humanas modelan las conexiones nerviosas de las que surge la mente, que no es propiamente el encéfalo, sino un espacio y tiempo global para la Conciencia. Con lo que podemos concluir que la relación terapéutica es una biología de dos.
Gracias Carlos.
Santa Pola (Alicante) 1 de mayo de 2025 Verónica Fajardo Bernabeu
Francisco Sánchez Molinero Escuela y Familia Nayad

